1ª Clínica de Medicina Biológica y Acupuntura de Donostia

Los 5 errores más comunes

  1. No masticamos suficientemente.

    Para un correcto funcionamiento de nuestro SISTEMA DIGESTIVO, es necesario que el alimento llegue al intestino convertido en una suave y uniforme papilla. Para ello, contamos con dos armas a nuestro alcance:

    • En primer lugar: la forma de cocinar. Debemos elegir comida de cuchara más que de cuchillo y tenedor.
    • En segundo lugar: Masticar correctamente, procurando que el alimento llegue al estómago bien triturado:

    ” El tiempo que dedicas a comer lentamente es una gran inversión que tu estómago te devolverá en salud”

  2. Bebemos demasiado líquido con las comidas.

    Con ello estamos diluyendo el ácido clorhídrico del estómago y éste no es capaz de formar la papilla digestiva (QUIMO).
    El ácido clorhídrico (CLH) que poseemos en el estómago es necesario para fabricar la papilla que pasará al intestino.

  3. Tomamos fruta como postre.

    Los POSTRES NO SON NECESARIOS.

    Los dulces (Hidratos de Carbono) deben ingerirse en el desayuno, y las frutas como desayuno, cena, o entre horas.

    La fruta comienza su digestión en el intestino delgado (en la 2ª porción del duodeno) después de ser atacada por los enzimas pancreáticos. Para ello, debe salir rápidamente del estómago, en más o menos 30-45 minutos.

    Este rápido proceso sólo es posible si el estómago está sin comida cuando llega la fruta. Por contra, si se toma en los postres, la fruta se mezcla con los otros alimentos y no puede salir al intestino en el tiempo previsto con el calor del estómago, la fruta allí detenida fermenta, con lo que produce:

    • Hinchazón, por los gases resultantes de la fermentación.
    • Transformación de los azúcares de la fruta en alcohol, que como tal, llegará al hígado.
  4. Comemos un exceso de proteína animal en nuestra dieta diaria.

    La cantidad diaria de producto de origen animal que nuestro organismo necesita y nuestro hígado transforma correctamente sin intoxicarse, es de 1,5 gramos por kilo de peso (peso recomendado, no peso que se esté pesando) por día.
    Esta cantidad debe equivaler a 1/8 del total de alimentos ingeridos en el día, y debe evitarse ingerir proteínas animales en la cena.

  5. Consumo continuado de leche, incluso después de entrar en la pubertad.

    La naturaleza siempre nos aporta lo que en cada momento necesitamos. Así, como mamíferos que somos, en el momento del nacimiento tenemos una alta cifra de lactasa, (salvo deficiencias genéticas).

    La lactasa es la enzima encargada de metabolizar la lactosa (disacárido de la leche y que no desaparece por “desnatar” la leche). Su producción está regulada por un gen localizado en el brazo largo del cromosoma 2. La lactasa se produce fundamentalmente en las células del intestino para transformar y permitir la absorción de la leche y lácteos.

    En casi todos los mamíferos, incluyendo los humanos, el gen que regula la producción de lactasa hace que a partir del destete comience ésta a disminuir, de modo que, aproximadamente a los 7 años de edad (en los humanos), la cantidad de lactasa presente en el intestino es tan mínima como ineficaz. No obstante, aunque esta deficiencia es menos acusada en las poblaciones nórdicas de Europa, en las poblaciones mediterráneas este descenso llega hasta el 80% y, en el caso de los asiáticos e indios americanos, la desaparición llega al 100% para esa edad.

    En el estudio Nutrigenético que realizamos en las Arirang Clínicas, se valora en cada caso la actividad del GEN LCT, regulador de la lactasa.

    Efectos secundarios de la ingesta de lácteos en personas con déficit de lactosa pueden ser:

    • Flatulencia, meteorismo.
    • Dolor abdominal por cúmulo tóxico en intestino.
    • Acidificación de las deposiciones
    • Diarreas.
    • Jaquecas y mareo.
    • Falta de concentración.
    • Pérdida de memoria.
    • Cansancio intenso.
    • Dolor muscular y articular.
    • Aumento de flema en nariz, garganta y mucosa respiratoria en general.
    • Úlceras bucales y aftas.
    • Alergia con picor, rinitis.
    • Etc.